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El partido conservador antiimigración gana las elecciones en Eslovenia
Los adversarios del vencedor, Janez Jansa, lo acusan de que su campaña fue apoyada por el ultraderechista Viktor Orbán, primer ministro húngaro
CORRESPONSAL EN ROMAActualizado:
La política antiinmigración influye de forma decisiva en el resultado electoral en Eslovenia. El Conservador Partido Demócrata Esloveno (SDS), del exprimer ministro Janez Jansa, en la actualidad en la oposición, ha ganado las elecciones legislativas celebradas hoy en Eslovenia. Según los primeros resultados hechos públicos, basados en sondeos a pie de urna, el SDS obtendría mas 25 % de los votos, confirmando así las encuestas electorales previas. En segundo lugar, con el 12,6 %, se sitúa la Lista de Marjan Sarec (LMS), un antiguo humorista convertido en político liberal. Muy cerca le sigue el Partido socialdemocrático (SD)
En Eslovenia, país con poco más de dos millones de habitantes, ha tenido gran influencia la corriente antiinmigratoria que se vive en Italia, Austria y Hungría, sus países limítrofes. Precisamente, los adversarios del vencedor de las elecciones, Janez Jansa, lo atacaron por sus posiciones contra la inmigración próximas al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, quien habría financiado indirectamente la campaña electoral de los conservadores mediante ambientes próximos a él.
Además de la inmigración, los temas principales de la campaña electoral fueron las privatizaciones de las compañías estatales, la reforma de la sanidad pública y el aumento de las pensiones.
Desde Italia, en particular por parte de la Liga Norte, se ha visto con gran simpatía el triunfo del conservador Janez Jansa, en la medida en que se amplía el llamado frente de los países del Grupo Visegrád, llamado también V4 (Hungría, Polonia, la República Checha y Eslovaquia). El vicepresidente y ministro del Interior, Matteo Salvini, líder de la Liga, euroescéptico que no ama el euro, mantiene lazos de simpatía con Viktor Orbán, con el que coincide en su discurso ultraderechista y soberanista, con una radical política contra los inmigrantes de cualquier especie. Eslovenia y las naciones del Grupo Visagrád ponen ahora su mirada en Italia, que se ha convertido en un laboratorio soberanista.
MATERIALES Y APUNTES
S 21 La maquina de matar de los Jemeres rojos o revolucionarios del partido comunista.masacre apoyada por
el Partido Comunista Francés y por el mismísimo Jean Paul Sartre
https://youtu.be/mgF_wWOtKGs
La ultraderecha alemana solidariza con Carles Puigdemont
El expresidente de la Generalitat recibe en Neumünster la visita de Bernd Lucke, cofundador de Alternativa para Alemania (AfD) que abandonó la formación para fundar Reformadores Liberal-Conservadores que defiende, entre otras posturas, la salida de Grecia de la zona euro
NeumünsterActualizado:
El parlamentario, queabandonó en 2015 el partido Alternativa para Alemania (AfD) -que había fundado dos años antes- por su deriva ultraderechista, ha permanecido alrededor de hora y media con Puigdemont, que el martes recibió la primera visita de sus abogados.El expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigemont se encuentra «tranquilo» en la prisión de Neumünster, donde recibe «el mismo trato» que el resto de los reclusos, según ha explicado tras visitarlo el eurodiputado euroescéptico alemán Bernd Lucke.
En declaraciones a los medios, Lucke ha explicado que quería informarse de sus condiciones de encarcelamiento y, tras calificar a Puigdemont de «perseguido político encarcelado por motivos políticos», ha opinado que es «avergonzante» que sea tratado «como un delincuente» más.
El político alemán ha dicho también que las autoridades alemanas están siendo «muy correctas» y que Puigdemont, que ingresó en Neumünster el domingo tras ser detenido poco después de cruzar la frontera con Dinamarca, «no tiene motivo de queja» porque está recibiendo un «buen trato» por parte de los funcionarios y del resto de presos.
Puede leer y recibir llamadas, está «tranquilo y contento» y ha recibido muchísimas cartas, ha añadido el político alemán, tantas que al parecer el personal del centro penitenciario pide que no se envíen más porque están «inundados».
Lucke ha indicado también que no han hablado de sus diferencias políticas y se han centrado en la situación judicial y humana de Puigdemont tras su arresto en Alemania, y ha lamentado que la Unión Europea (UE) no advierta a España por un comportamiento que él considera que viola los derechos humanos.
El europarlamentario ha asegurado que «la fuga está descartada» y ha relatado que ha propuesto a Puigdemont -y él ha aceptado inmediatamente- una alternativa para evitar que permaneciese en la cárcel mientras se decide sobre la ejecución de la extradición.
Su idea es que Puigdemont dé «su palabra de honor» de que no piensa escaparse y que permanecerá en Alemania mientras se resuelve el proceso en su contra, pero con una mayor libertad y con la posibilidad de recibir visitas.
También ha llamado al Gobierno alemán a replantearse la imposibilidad legal de conceder asilo político a un ciudadano europeo y tratar a Puigdemont como el «representante de la República de Cataluña», aunque ha reconocido que no tiene una opinión propia sobre el derecho a decidir de los catalanes.
A su juicio «cualquiera que lucha por un objetivo político por medios pacíficos» no sea perseguido por su gobierno y ha confiado en un fallo «justo» de la Justicia alemana.
Otros gestos
En Bélgica, «el protector de Puigdemont» Theo Francken es miembro del partido nacionalista flamenco (N-VA). Durante los días que el político catalán estuvo en Bélgica, diferentes medios belgas informaron de los vínculos de Francken con la extrema derecha y con Bob Maes, ex activista pro nazi y fundador de la milicia de extrema derecha VMO, según informó el portal francófono Le Vif en 2014.
A Bob Maes, que fue uno de los líderes del partido nacionalista flamenco Volksunie en los años 1950, 1960 y 1970, se le atribuye simpatías nazis durante la invasión germana a Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial. Fundó la Vlaamse Militanten Organisatie (VMO), una milicia de extrema derecha, que ahora está disuelta. Según el PTB, otro líder de la N-VA, Ben Weyts, Ministro Flamenco de Movilidad y Transporte público, estuvo presente en la fiesta organizada en honor a Bob Maes
Conservadores
de Suecia buscan aliarse con la ultraderecha en próximas elecciones
. 28 enero, 2017
Jimmie Akesson, líder del partido
ultraderechista Demócratas Suecos.
Estcolmo
Con el objetivo de tumbar al gobierno
minoritario de izquierda en Suecia, los conservadores tienden la mano a la
extrema derecha, una estrategia muy polémica en el país.
Las formaciones políticas tradicionales
del país escandinavo mantienen desde hace años un cordón sanitario contra
los Demócratas de Suecia, un partido
nacionalista y antiinmigración con una ideología inspirada en el movimiento
neonazi.
Desde las elecciones legislativas del 2014, que
llevaron al poder a los socialdemócratas y los verdes, Anna Kinberg Batra,
presidenta de los Moderados, quiere tomar las riendas sin esperar a las
próximas elecciones, previstas en el 2018.
Apuesta riesgosa. A falta de
alternativa ha optado por los Demócratas de Suecia, arriesgándose a hacer
implosionar la alianza opositora de su partido con los liberales, los
centristas y los democristianos.
"Ignorar un partido tan importante
del parlamento no ha funcionado" hasta ahora, alega Kinberg Batra,
conocida como "AKB". Partiendo de esta base, ha invitado a los
Demócratas de Suecia a apoyar un eventual proyecto de ley de finanzas de
derecha.
Y no se ha quedado ahí: "En
algunos temas, es posible ponernos de acuerdo", asegura, sin precisar los
ámbitos en los que contempla una negociación.
El viernes, los Moderados anunciaron
una toma de contacto "pronto" entre consejeros de los jefes de los
dos partidos.
Dirigidos por Jimmie Åkesson, los
Demócratas de Suecia han ganado simpatizantes a raíz de la crisis migratoria
del 2014 y el 2015 que llevó al país a acoger a casi 250.000 solicitantes de
asilo, más que cualquier otro europeo en proporción a su población (10
millones).
El último sondeo le otorgaba el 21% de
intención de voto, convirtiéndolo en el segundo partido del país después de los
socialdemócratas. Entró en el Parlamento en el 2010 con
el 5,7% de los sufragios y en cuatro años duplicó el resultado (13% en el
2014).
El Centro y los Liberales no quieren ni
oír hablar de los ultraderechistas, pero los democristianos están dispuestos a
aceptar los votos de los Demócratas de Suecia para lograr la aprobación del
proyecto presupuestario de la oposición y tumbar al gobierno saliente.
Los Demócratas de Suecia están
exultantes y ponen sus condiciones. Åkesson, de 37 años, un estratega hábil que
ha contribuido a "desdiabolizar" al partido, reclama "influencia
en la composición del gobierno" en el caso de que AKB se salga con la
suya.
La hipótesis es bastante lejana, habida
cuenta de lo que piensan los diputados centristas y los liberales, que no
quieren bajo ningún concepto asociarse con la ultraderecha, a la que el primer
ministro considera un "partido nazi".
Los editorialistas estiman que Kinberg
Batra ha tomado en cuenta la opinión de los diputados, activistas y
simpatizantes que defienden la apertura a la derecha para que la izquierda
caiga antes del 2018.
"Nuestra misión no es permitir a
Stefan Löfven aplicar una política de izquierda" sin obstáculos, declaró a
la AFP Camilla Brunsberg, responsable de un comité de Moderados en el sur de
Suecia .
Un sondeo publicado el martes muestra
una fuerte división en la derecha: el 63% de los votantes conservadores quieren
una cooperación con los Demócratas de Suecia , contra solo el 16% que se opone.
En los países vecinos hay menos debate.
La derecha antiinmigración participa en las coaliciones gubernamentales en
Noruega y Finlandia, e influye en la política danesa desde el comienzo de los
años 2010.
El famoso filósofo Jacques Rancière,
por ejemplo, ha desmentido la idea de que la democracia sea reducida a
consenso. De hecho, para el ilustre pensador, la democracia es
siempre lo ingobernable, lo que constantemente irrumpe sobre el orden
establecido, porque siempre hay alguien que reclamará igualdad de derechos.
Pretender entonces que un Estado
representa lo universal de un pueblo es bordear los peligrosos límites de los
totalitarismos. Y Occidente parece coquetear cada vez más con ese abismo.
El líder ultra (nacionalista y conservador) húngaro ha dado nuevos bríos
al autoritarismo.
A partir de una retórica que mezcla proclamas sobre controles migratorios,
críticas a Europa, rechazo a las elites, soberanía nacional, defensa del trabajo industrial y un recetario económico conservador contrario a la globalización y al progreso tecnológico.
Viktor Orban es la referencia de los movimientos de la derecha radical europea, el modelo sobre el que edificar sus asaltos al poder en cada uno de los países donde han emergido, con especial intensidad en los años de la post-crisis, partidos xenófobos, anti-inmigración, euroescépticos y nacional-populistas. Muchos de ellos, con aspiraciones serias -algunas ya reales; sobre todo, en coaliciones- como formaciones de gobierno. Aunque algunas, como el Fidesz húngaro, con votos suficientes como para ostentar un Ejecutivo monocolor. Su líder, Orban, de 54 años, es también la bandera del nacional-populismo que arraiga en la UE, el espacio de las libertades civiles por antonomasia. Nadie como él puede exhibir un road map tan preciso para alcanzar el gobierno. Lo acaba de demostrar una vez más, y van tres. En las recientes elecciones presidenciales del 8 de abril, acaparó casi el 50% del escrutinio y su brazo político, Fidesz, acaparó más de dos tercios de los 199 escaños del parlamento húngaro.
Su hoja de ruta se basa en impulsar reformas constitucionales, en el control ideológico de las instituciones del Estado y en lanzar a través de medios afines teorías ‘conspiranoides’
Pero, ¿cómo es Orban?, ¿De qué fuentes doctrinales bebe su partido? P, ¿por qué se ha erigido en el estandarte de la extrema derecha en Europa, y su ideario en la nueva reserva espiritual de Occidente? Precisamente en su heterodoxia económica y en el fango ideológico que siempre ha acompañado al fascismo. Estrategia que siempre le ha conducido a recabar apoyos ciudadanos desde las más amplias -y diferentes- posiciones del espectro
Si Orwell fuera un coetáneo de la era digital y del Siglo XXI, pensaría en Orban a la hora de definir el nuevo nacional-populismo europeo. No sólo porque su homólogo Jaroslaw Kaczynski, líder de Ley y Justicia -el PiS polaco hermano político de Fidesz- e inspirador en la sombra de un Ejecutivo de fieles que ha puesto en marcha, en la actual legislatura, la misma hoja de ruta que su adorado presidente húngaro en su decenio gubernamental. Desde una reforma educativa centralizada y con claros vestigios de autoritarismo, al nombramiento de acólitos del PiS en las altas esferas del Ejército, Fuerzas de Seguridad y servicios secretos, o la renovación, a su antojo, del Tribunal Constitucional, mientras lanzaba acusaciones de alta toxicidad, como la que señala a la opositora Plataforma Cívica como responsable de la muerte de su gemelo, Lech, en accidente aéreo, en 2010, cuando ejercía como presidente del país. Porque las tesis conspiranoides -inspiradas con fake news desde medios de comunicación afines, incluidos los canales estatales- están a la orden del día. También porque la influencia del dirigente húngaro se ha expandido por las formaciones de ultraderecha europeas.
"El caso del AfD evidencia la fuerza de la demagogia: sólo el 34% de los alemanes que les dieron su confianza en septiembre lo hicieron con plena convicción de su ideario"
Si Polonia es el más fiel seguidor de la Hungría de Orban -Varsovia sopesa una nueva Carta Magna, como hizo su vecino, tras el control del Constitucional y una reforma electoral que le permita perpetuarse en el poder, al tiempo que ejerce un milimétrico seguidismo a Budapest en su deseo de articular políticas comunes del Grupo de Visegrado, que conforman ambos países junto a la República Checa y Eslovaquia, para hacer de contrapeso interno a la UE-, la mayor parte de las formaciones de este signo que han cobrado vitalidad por las latitudes del club comunitario ven en su itinerario una especie de Santo Grial. En los discursos de sus líderes, subyace los azotes dialécticos de Orban contra las políticas de inmigración -pese a que tanto Hungría como Polonia tienen tasas de residentes extranjeros testimoniales y, en su mayoría, proceden de Ucrania, sin casi presencia de población musulmana-, su rechazo a las cuotas de asilo, su odio a los invasores islamistas, su amenaza al Consejo Europeo si persiste en mantener los derechos civiles liberales que permiten la acogida de refugiados, o sus mensajes demagógicos cuando hay un atentado yihadista en alguno de los socios de la Unión o su respaldo a favor del Brexit, de inicio, y de un divorcio duro, en la actualidad, que irrita sobremanera al eje franco-alemán. A pesar de ser uno de los grandes beneficiarios de los fondos estructurales junto a sus colegas de Visogrado.
Los resultados de las elecciones generales en Italia han sido tan
confusos como se esperaba y dejan al país tan ingobernable como suele. Pero si
es difícil saber quién ha ganado, es fácil comprobar quién ha perdido, a saber:
Ha perdido la izquierda.
Ha perdido el ‘establishment’, el consenso socialdemócrata de posguerra.
Ha perdido la Unión Europea.
Ha perdido la postura ultrainmigracionista.
Han perdido Juncker, Merkel, Macron.
Y uno se pregunta hasta cuándo se podrá seguir hablando de ‘populismo’ o
‘partidos marginales’, incluso de ‘ultraderecha’. Porque esto es Italia, en lo
más duro del núcleo duro de la Unión Europea, miembro fundador, no un Estado
del Este recién descongelado, como quien dice, de medio siglo de bota
soviética.
Hasta cuándo se seguirá denominando marginal un voto que crece en todas
partes, desde Holanda a Austria, de Francia a Alemania. En todas partes,
queremos decir, salvo en España, donde el ‘partido protesta’, Podemos, ha
resultado ser más ‘fake’ que el telediario de la CNN.
Lo acabamos de ver en Alemania, donde Alternativa por Alemania acaricia
ya el segundo puesto en intención de voto y Merkel sobrevive en la más
antinatural y agónica de las coaliciones.
Lo acabamos de ver en Austria, donde los conservadores de toda la vida no
solo gobiernan tras las últimas elecciones con los peligrosos ‘populistas’ de
allá, el FPÖ, sino que han ganado con un líder, el joven Sebastian Kurz, que
les ha plagiado el programa en todo lo que importa allá, es decir, en
inmigración masiva (no son muy partidarios).
Y, ahora, Italia.
Los primeros en echarse las manos a la cabeza son los eurócratas de
Bruselas, cuyo proyecto de creación de un macroestado hace aguas por todos
lados. Veamos.
Salvini, de la Lega Nord, ya está reclamando el Gobierno para la
derecha, una coalición entre su partido, Forza Italia del inhabilitado pero
incombustible Berlusconi y los Hermanos de Italia.
Pero no va a ser fácil dejar fuera al más votado, el radicalmente
antiestablishment y difícil de catalogar Movimiento Cinco Estrellas de Beppo
Grillo. No se puede descartar una coalición de la nueva derecha con estos.
En uno u otro caso, son malas noticias para Bruselas.
Los 5 Estrellas proponen reformar la Unión Europea o, en su defecto,
convocar un referéndum para ver si los italianos quieren abandonar el euro.
¿Inmigración? Firmar acuerdos bilaterales con los países de origen para
repatriar a los inmigrantes indocumentados.
La Liga quiere lo mismo en cuanto a los inmigrantes ilegales, pero
especifican el número que hay que expulsar: medio millón. También prevén cerrar
800 mezquitas, primar la contratación de nativos, abandonar la UE si el club
europeo sigue discriminando financieramente al país… Ah, y que Soros no pueda
volver a poner un pie en Italia.
Forza Italia sube el número de inmigrantes ilegales que habría que
expulsar a 600.000, quiere que la legislación italiana prime siempre sobre las
directivas de Bruselas y reducir masivamente los impuestos.
Y los Hermanos de Italia son los más extremos en todo esto: se oponen al
Tratado de Lisboa, quieren limitar el número de inmigrantes por aula, dar
preferencia a los nacionales en servicios sociales… Ya conocen la copla.
Resumiendo mucho (tiempo habrá para analizar más despacio), la
abrumadora mayoría de los italianos ha dicho que está harto de cómo les trata
Bruselas, que no se fía del euro, que la invasión de las pateras hay que
pararla ya, que han roto definitivamente con el consenso socialdemócrata y con
el espectro parlamentario que lleva gobernando el país desde el fin de la
Segunda Guerra Mundial…
Dinamarca se suma al vuelco a la derecha en los
países nórdicos
La primera ministra
dimite tras el ascenso del xenófobo PPD como segunda fuerza
Berlín / Copenhague 19 JUN 2015
Lars Loekke Rasmussen, líder del partido opositor Venstre, se dispone a
votar este jueves en Copenhague.NILS MEILVANG EFE
La derecha
vuelve al poder en Dinamarca. Las
elecciones del jueves dieron la mayoría al bloque conservador gracias a la
pujanza del Partido Popular Danés (PPD). Esta fuerza antiinmigración y
antieuropea fue, con un 21% de los sufragios, la segunda más votada. La reina
Margarita II ya ha iniciado conversaciones para la formación de Gobierno,
seguramente encabezado por el liberal Lars Løkke Rasmussen, pese a
haber sufrido el castigo de quedar relegado a la tercera posición.
El centro-izquierda que gobernaba Dinamarca desde 2011 abandonará
el poder pese al ascenso de los socialdemócratas de la primera ministra, Helle
Thorning-Schmidt. La hasta ahora jefa de Gobierno, que ya ha presentado su
dimisión, logró la primera posición. Pero eso no le ha bastado para compensar
las pérdidas de sus compañeros de coalición y, sobre todo, para evitar el éxito
del PPD. Al impulsar a los populistas del PPD como la segunda fuerza política
del país —y la primera del bloque conservador—, Dinamarca se suma al vuelco a la
derecha que ya han vivido otros países nórdicos. En Noruega y Finlandia los populares de
derecha gobiernan en coalición con fuerzas de centro-derecha.
El PPD obtuvo el 21%, casi nueve puntos más que en las anteriores
elecciones. No está claro si esta formación entrará en el Gobierno, pero sí es
seguro que va a ejercer una gran influencia. “Hemos conseguido aquello por lo
que llevamos tantos años luchando: convertirnos realmente en un partido
popular. Lo importante ahora no es si estaremos o no en el Gobierno, sino que
vamos a influir”, dijo Kristian Thulesen Dahl, el líder del partido que ha
hecho de la lucha contra la inmigración su bandera.
Ya sea dentro o fuera del Gabinete, el PPD llevará la voz cantante para
reducir el número de inmigrantes, aumentar el gasto público o empujar para
reformar la UE. “No hay duda de que toda Dinamarca avanza hacia posiciones
euroescépticas”, señaló a Reuters la profesora de la Universidad de Copenhague
Malene Wind.
Mientras los populistas antiinmigración deciden qué papel desempeñarán,
Rasmussen, que lideró el Gobierno de 2009 a 2011, se perfila como nuevo primer
ministro. Los liberales sufren la humillación de haber perdido la supremacía en
el bloque conservador, pero se consolarán con la vuelta al Gobierno. Rasmussen
podrá sustituir a Thorning-Schmidt, la primera mujer al frente de un Ejecutivo
danés y que, según dijo ella misma, no será la última. La ya ex primera
ministra obtuvo el 26,4% de los votos en unas elecciones protagonizadas por el
debate sobre la inmigración y que llegan cuatro meses después del doble atentado
islamista de Copenhague que acabó con la vida de dos personas.
El giro a la derecha de Dinamarca se une al que ya han vivido otros
países nórdicos, lejos de los tiempos en los que el norte de Europa se
asemejaba al paraíso de la socialdemocracia. Tras las elecciones del pasado mes de marzo,
en Finlandia gobierna una coalición encabezada por el Partido del Centro en la
que participan los eurófobos de derechas antes llamados Auténticos Finlandeses
y ahora simplemente Los Finlandeses. El ascenso de este partido y el
nombramiento de su líder, Timo Soini, como ministro de Exteriores complican aún
más la aprobación por parte de Helsinki de un hipotético nuevo paquete de
ayudas a Grecia.
Alegría y cordura entre adherentes de la derecha chilena y alta convocatoria determinaron el amplio triunfo ---
Sebastián Piñera ganó las elecciones presidenciales
en Chile El
ex mandatario conservador Sebastián Piñera sacó una ventaja de 9 puntos a
Alejandro Guillier con el 99% de mesas escrutadas y gobernará Chile por los próximos cuatro años
El ex mandatario conservador
Sebastián Piñera saca una ventaja de 9 puntos a Alejandro Guillier con el 99%
de mesas escrutadas y gobernará Chile por los próximos cuatro años. (Foto y
video: AFP)
Santiago de Chile. El
candidato derechista a la Presidencia de Chile, Sebastián Piñera, es el virtual ganador de
la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, celebradas este
domingo en Chile.
Con un total de 99,62% de las mesas
escrutadas, Piñera obtiene el 54,58 % de los votos, frente el
45,42% del aspirante oficialista, el senador Alejandro Guillier.
De este modo, Piñera, que
ya gobernó el país entre el 2010 y el 2014, se convierte en el próximo
presidente de Chile para el período 2018-2022, sucediendo por
segunda vez en la historia a Michelle Bachelet al frente de la jefatura del
Estado.
Esta es la primera elección
presidencial en que participan los chilenos que viven en el extranjero, donde
se impuso Guillier a Piñera. De Los cerca de 40.000
votantes solo votaron 20 mil chilenos en 62 países representan sólo un 0,18%
del conteo nacional. Con diversos y dispares resultados, con predominio en
Europa de los sectores de izquierda, en general ex militantes y activistas comprometidos
con partidos de izquierda, y que salieron del país en las décadas del setenta y
ochenta, dados los ofrecimientos y beneficios otorgados por embajadas europeas en chile, donde se les pidió que se asilaran
como perseguidos políticos, los cuales
en su mayoría no volvieron al país luego
de la apertura política de 1983.
En el comando electoral del candidato
de Chile Vamos el ambiente de victoria era palpable al conocer
los resultados parciales.
"Recibimos estos resultados con
mucho humildad, significan mucho", declaró Cristóbal Piñera Morel, hijo
menor del ex presidente.
"Mi papá no es de las personas
que se confía ni canta victoria antes de tiempo, pero está muy contento",
añadió.
En tanto, la ex primera dama Cecilia Morel dijo sentirse muy feliz y contenta.
"No pensé que la diferencia iba a ser tan enorme, pero así se han dado las
cosas, y estamos muy agradecidos de la gente que confió en nosotros",
declaró la esposa del exgobernante, quien hizo un llamamiento a la calma y la
tranquilidad".
La euforia contenida contrastaba con
el pesimismo en el cuartel general de Alejandro Guillier, donde la ex ministra
democristiana Yasna Provoste reconoció que los datos le son adversos a su
candidato.
"Efectivamente, es una situación muy compleja, tenemos 300.000 electores
menos que la elección pasada, teníamos que ser capaces de convocar a muchas más
personas a votar".
Provoste reconoció que para ganar en el balotaje, la candidatura de Guillier
tendría que haber remontado el resultado de la primera vuelta, "cuando la
centro izquierda votó dividida". Provoste trata de no reconocer el resultado inminente
"Ojalá que tengamos un resultado
final distinto al que estamos viendo", agregó.
Los planes de Piñera
El hábil hombre de negocios de 68 años, quien se convirtió en el primer
político de derecha en ocho décadas en ganar la presidencia de Chile por
segunda vez, ahora busca encabezar el repunte de la economía, especialmente de
la inversión.
En plena campaña, Piñera dijo a Reuters que no descartaba una
eventual rebaja de impuestos a las empresas para estimular la actividad.
Con ello, pretender reforzar su plan de duplicar el crecimiento de la economía
del mayor productor mundial de cobre y dejar a la nación a las puertas del
desarrollo, como se comprometió en su programa de Gobierno. Piñera era el favorito de los inversionistas, lo que debería
reflejarse el lunes en una positiva apertura del mercado accionario y de la
moneda local.
Futuro incierto para la izquierda
Aunque en esta elección no estuvo en juego el modelo económico de libre
mercado, la victoria de Piñera refuerza el giro hacia la
derecha en Sudamérica.
Los opositores lo critican por su impulsividad, pero sus asesores destacan su
pragmatismo que ya puso a prueba en su primer gobierno, cuando lideró el épico
rescate de 33 mineros atrapados en una mina. Aún no quedaba claro si los resultados del domingo pondrán en riesgo la
supervivencia de la alianza oficialista –socialista, radical, comunista,
democratacristianos-, que ha dominado la política chilena por décadas.
La derrota sufrida por el pacto gobernante en esta elección es una señal de
alarma respecto a la falla de Guillier en aglutinar a todas las fuerzas
políticas izquierdistas detrás de su candidatura.
Ni el apoyo conseguido del joven movimiento de izquierda Frente Amplio, cuya
candidata logró un sorprendente tercer lugar en la primera vuelta, fue
suficiente para darle el triunfo a Guillier.
La pelea entre el futuro gobierno, el Frente Amplio y la futura oposición será
en el Congreso, donde el presidente electo no consiguió mayoría, lo que lo
obligaría a tender puentes para sacar adelante sus proyectos.